Difícil aprender si estás revisándote entre las piernas todo el tiempo
Hay una parte de la vida escolar de las niñas que nunca apareció en la lista de útiles.
Los cuadernos, los zapatos, la sudadera de educación física. Todo lo que el colegio considera indispensable para estudiar tiene un renglón en esa lista que llega a las casas al comenzar el año. Todo, menos lo que la mitad de los estudiantes necesita cada mes.
«Para nosotros es un problema grande que las niñas se queden en casa porque temen una mancha o no pueden comprar toallas. Nuestra responsabilidad es que ninguna estudiante se quede atrás», nos contó Jhoana Rincón M., docente de la I.E. Mayor de Mosquera.
En Colombia el uniforme escolar es obligatorio y es, sobre todo, un símbolo: significa que todas llegamos iguales al salón. Pero ese símbolo no prevé que a la mitad de quienes lo usan, no las protege.
En América Latina, 1 de cada 4 niñas falta regularmente al colegio durante su periodo porque les da vergüenza, o porque no tiene acceso a productos menstruales.
Es un problema de diseño. Un sistema pensado para garantizar la igualdad no contempló una necesidad mensual.
Un nuevo enfoque
Desde comienzos de este año acompañamos a Somos Martina, la marca colombiana de cuidado íntimo, con quienes hemos tenido ya varios proyectos juntas, en la construcción de la campaña El Uniforme Menstrual, una iniciativa que hace algo simple de decir y difícil de lograr: integrar la ropa interior menstrual al uniforme escolar oficial.
Es un renglón nuevo en la lista de útiles. Un renglón nuevo que borra varios de ausencias.
Eso significa que ninguna niña tiene que pedir, aplicar, explicar ni exponerse para acceder. Llega como llegan los zapatos y los cuadernos: porque el colegio dice que hace parte del uniforme. La responsabilidad se mueve de la niña a la institución. Y ahí, exactamente ahí, se desarma el estigma.
Abrimos las puertas de los colegios.
Poderosas sabe abrir esta conversación que ha sido siempre un silencio. Con familias, con docentes, con niñas y con niños.
El primer colegio del país en sumarse fue la I.E. La Mayor de Mosquera, que añadió la ropa interior menstrual a su uniforme y decidió hablar de menstruación en voz alta.
«Este uniforme nuevo me quita el miedo. Hace que sienta que el colegio de verdad entiende lo que nos pasa y quiere que estemos ahí». Dice Annie, estudiante.
La entrega de estos calzones es acompañada por talleres presenciales de salud menstrual: sesiones donde las y los estudiantes preguntan lo que nunca pudieron preguntar, y donde formamos a las y los docentes para sostener esa conversación cuando nosotras no estemos. Producto y conocimiento entran juntos, o no entran. Desde entonces la lista siguió creciendo, colegio por colegio, apoyada en nuestra red.
Para así que ese contenido de salud y gestión menstrual esté integrando al currículo escolar, y el modelo se está extendiendo a aún más colegios para el próximo año escolar, con el respaldo de Lucy Maritza Molina Acosta, Ex- Viceministra de Educación, quien nos dijo: «Yo apoyo esta iniciativa. … El cuidado menstrual debe discutirse en todos los colegios». Eso es lo que buscábamos: que esto deje de depender de nosotras y quede instalado en el sistema.
Una niña que deja de faltar al colegio cada mes gana días, después semanas, después años de educación. Eso es otra vida.
Porque ya lo sabemos: una revolución jamás será individual.
El cuidado menstrual no termina en el uniforme. Talleres, materiales educativos y alianzas para estudiantes, familias y colegios: